martes, 5 de mayo de 2009

Días




155 Días pasados desde un final. Final donde parecía acabarse algo. No era una pesadilla total. No era un sueño. Solo era algo que acabó en su momento. Fue repentino.
Me arrastraba, intentado llegar a una zona segura. Y de pronto, solo estuve ahí. Una sensación de felicidad insabora. Ni siquiera agria. No tuvo sabor.

169 Días pasados de donde creí que había una esperanza. Donde mi corazón encontraba un consuelo, bajo una ilusión. Un velo de fe vendaba mis ojos, prolijamente. Intentando interpretar la felicidad, caí otra vez.

143 Días pasados de cuando un Ángel Caído dio la sinfonía de mi amor. Y las palabras en su canto, terminaron siendo profecía.
Aún resuena cada frase en mi mente, mientras me revive agridulces recuerdos.

124 Días pasados de cuando creía haber perdido algo importantísimo en mi vida. Había una vez una doncella oscura que decidió irse en una aventura por un laberinto de espejos.
No quería destruir sus sueños, pero no quería verla morir. Quizás por intervención divina, vaya el viento a saber, el laberinto se destrozó en mil pedazos y la doncella fue libre.
No hubo caballero ni corcel. Fin.

95 Días pasados de cuando la esperanza se esfumó. La profecía del Ángel Caído, sellada en un beso ilusivo, cayó sobre mi Tierra. El velo comenzaba a aflojar su nudo y en un intento de supervivencia, desterré de mí la Pasión Oscura.

76 Días pasados desde el momento en que descubrí otra parte de mí. Había sonrisa, había un haz de luz en algún lugar, pero no brillaba como esperaba. No era una luz baja; solo era un brillo diferente que no supe conocer en su momento.
Un llanto a la Luna en El Último Día de un Amor Perfecto, lleno de Pasión y la Ópera en el Baile de Las Sombras fue parte de lo que prescenció un auge. Este no era otro velo, era real.

21 Días aproximadamente pasados del día en que alzé el vuelo hacia otra dirección. Siguiendo la nueva y coincidente señal en mi vida, llegué a levantar nuevos pilar para mi templo, antes de botar los que ya estén demasiado debiles. Espero que aún queden algunos sólidos y se mantengan, ya que en mi vida generalmente caen luego o debo demolerlos.

50 Días aproximadamente pasados de cuando comenzé a repetir una historia. Parece que tendrá un extraño y extenso prólogo, pero no tan largo como mi libro anterior. Y parece que tendrá un epílogo que no usará más de una página. Espero que sea solo un pequeño cuento romanticista.
No quiero otra novela. A estas alturas, fuera de no gustarme, me aburriría.

Así, con mis ases bajo la manga, espero, mirando a la luna, que en 4 Días más, esté completa y en mi licantropía, castigue bestialmente a quien su comodín no le es suficiente.

¿Cómo? ¿Esperabas un juego de palabras más directo? ¿Para qué, si con todos los presentados aquí no se debe ser Nostradamus para ordenar las piezas?