sábado, 20 de septiembre de 2008
En medio del bosque
Ángel negro... Oh, mi ángel... ¡Hasta que notaste lo dañino que puedo ser!...
Pero... ¡Te prometo que no es mi intención! ¡No quiero hacerte daño!... No escapes más de mí, por favor. Solo quiero hablarte... poder discutir contigo otra vez... estar cerca de tí, como en un comienzo.
Si hay alguien a quien no dañaría, es a tí. Tú lo sabes. Déjame enseñarte la sensación de una caricia, de un abrazo.
No huyas. Detente. Respira. Voltea y ve quien te sigue. Quien te ha seguido durante este extenso sendero del que has recorrido sin siquiera notar. Vamos, acércate. Descansa sobre estos brazos, mírame una vez más, sin miedo, no grites y duerme... tu huida terminó, porque siempre corriste sin que nadie te persiguiera. Y ahora, el único que está contigo, bajo esta luz de luna, es el que siempre trató de decirte que corrías por un sendero que jamás lograrías terminar... Ahora, es tu desición:
Seguir corriendo un camino infinito, o volver al comienzo, que aunque sea extenso, por lo menos llegarás un lugar... y caminarás por suelo que ya conociste... y de todas formas no te perderás, porque... ¡Yo te puedo acompañar! Puedo recorrer contigo todo eso a tu lado y no me importa que se me desgasten mis pies, porque estoy contigo y tú conmigo... y si tú estuvieses siempre conmigo...podrías tener... todo de mí.
Vamos, dame tu suave mano y volvamos a donde siempre fue tu lugar.
Fantomex
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario